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  • Entrevista a Marco Antonio de la Parra

    Me podrías hacer un panorama del teatro hoy en Chile.

    El panorama actual, yo siento que tiene la diversidad, la aparición de muchos grupos, opciones múltiples, ha crecido la cartelera, hay nuevas salas, opciones nuevas de grupos que rehabilitan espacios, por lo que en este sentido el teatro se ha vuelto más interesante. Se ha formado, por otro lado, un teatro comercial bastante sólido, que es otro espectador distinto, pero que también de pronto se cruza con un teatro más experimental, más de búsqueda, también encontramos un teatro más nocturno, hay cabaret, hay variantes cómicas, como el stand up. Todo esto tiene que ver con la gran cantidad de actores que hay en el mercado, mucha gente que quiere hacer algo y un público a ratos esquivo, y por momentos tengo la sensación que aumenta, que queda de manifiesto en estos festivales, como el Santiago a mil. Eso es un panorama general: un teatro activo, muy diverso, con sectores de definición. El teatro más tradicional, aquellos que ocuparon la escena a fines del siglo XX, los veo más descolocados, actrices como Delfina Guzmán tienen que andar buscando directores. Por el contrario, los jóvenes de la transición se han establecido, pero también buscando como colocarse. Yo creo que lo que está mandando son las nuevas propuestas.

    ¿Se puede vivir del teatro en Chile?

    Yo creo que definitivamente no, a no ser que hagas teatro comercial y aún así es muy complicado, yo creo que ni el “Coco” Legrand vive de sus espectáculos, a pesar de los espectaculares que son, necesita lo que le da la televisión. Se puede tener el golpe de suerte dentro del teatro comercial pudiera darse, pero así, en el teatro, definitivamente no.

    ¿Por qué hacer teatro en Chile?

    Sigue siendo, según una mirada muy personal, una experiencia fantástica, sumamente adictiva, cuando uno hace teatro quiere volver a hacerlo, quiere darle en el clavo, aciertas y te estimulas, lo que produce una búsqueda de conocimiento que no se encuentra en otras artes, incluso cabe la pregunta de por qué uno hace teatro y no cine, por qué no dedicarse a la performance directamente. Hay gente que sabe que lo que quiere hacer es teatro, que pueden hacer cine y televisión también, pero lo que quieren es esa relación extraña con el espectador que va a desaparecer en segundos, cuando termine la obra, pero que motiva. El teatro tiene una magia que no lo tienen otras artes, para mí ha sido muy importante no dejar de hacerlo.

    ¿Qué diferencias podríamos encontrar entre el teatro que se ofrece por televisión y el más clásico?

    El de Chilevisión es teatro comercial, muy fácil, digerible, de rápido consumo, no intenta indagar en las problemáticas del ser humano, sólo son cosas contingentes. Es un buen inicio para el que quiera caminar un poquito más allá, entrar en el teatro más serio, que también puede ser una comedia, que es un género muy respetable. Es bueno que exista este tipo de teatro, porque da la idea de que uno puede entretenerse con el teatro, lo que es interesante. Yo cuando comencé a hacer teatro, usé muchas cosas del teatro b, por así decirlo, lo del cabaret, contar chistes, el cómico…a mí me parece súper respetable la forma b. Es como comprar en el Persa, el teatro pirateado. Me parece bien que se haga y que divierta a la gente, que se haga comedia. Pero por supuesto no es el teatro como género o lo que podría ser una investigación y gran desarrollo del arte.

    ¿Esto no podría crear un estereotipo del teatro para mucha gente?

    De todas maneras. Hay siempre un público que queda atravesado ahí, como hay cierto público que atraído por figuras de la televisión, va a los espectáculos y descubre de pronto que el teatro puede ser otra cosa. Siento que esto se da a todo nivel de la cultura, por subculturas o culturas pop, puedes acceder a culturas más superiores. Es expresión, encuentro con grandes públicos, como los festivales, entre éstos el que se hace en Antofagasta o los “Temporales Teatrales” en el sur, donde hay un público masivo, se hacen funciones en gimnasios, dan cualquier obra, hasta las cosas más rebuscadas, y el público se acerca fantásticamente, le da un sentido popular, visceral que es muy bonito. A la gente le gusta el teatro como experiencia masiva, le gusta sentirse en comunidad, eso a veces se nos olvida, que llegue la comunidad, que juegue, entonces la respuesta se vuelve comunitaria, en este sentido uno entiende que sean convocados por alguien más conocido que da sensación de comunidad, sean figuras de televisión o del cine.

    ¿Crees que el teatro es un bien de consumo de masas?

    Primero debemos definir que se entiende por masa. Yo creo que es masivo, pero siempre en términos de comunidad. Alguien por ahí decía que el teatro siempre debería ser municipal, que lo pague el municipio, para que los actores puedan hacer un repertorio y que pertenecieran a una comunidad más acotada, no como la televisión, que sí es un medio muy masivo, donde se pierde totalmente la dimensión. El teatro tiene unas dimensiones totalmente distintas a las de la novela, a las del cine. En cine un éxito son 100 mil espectadores, en el teatro 10 mil. Acá en Chile si una novela vende 3 mil ejemplares, ya se dan con una piedra en el pecho. Afuera tiene que vender 100 mil ejemplares la novela, si quieres hacer cine son 1 millón de espectadores y la televisión son 2 millones. Eso es masivo. El teatro no espera eso, sino quedarse con unos pocos miles y ya con eso es un éxito.

    ¿Qué piensas tú sobre el teatro gratis? ¿La gente no debería pagara la entrada, primero para valorarlo, y segundo para que no se formen la idea de que si no es gratis el teatro, es mejor no ir?

    Yo tengo unas versiones encontradas, mi experiencia con el teatro gratuito o a bajo costo es muy buena. Te encuentras con un público distinto, que en general no va a otras experiencias artísticas, porque no puede. El teatro chileno no es tan caro, en otras ciudades es bastante más, pero es una opción que requiere formación, educación y esa educación se puede dar a través de un teatro gratuito subvencionado, con esto me refiero a subvenciones provenientes de centros culturales, de proyectos apoyados económicamente y creo que eso permite acercarse a esas personas que generalmente no se acercan al teatro. Ha sido una muy buena experiencia para mí. Yo soy partidario de que el teatro se difunda, eso permite incluso jugar con el público sin depender tanto de la taquilla, no ser condescendiente, incluso permite entregar más, porque tú tienes pagados los sueldos y ojalá los ensayos. Cuando las obras dependen de mí, yo trato de que ocurra esto, para, por lo menos, hacer un par de funciones a bajo costo o gratis, eso viene a ser parte de la experiencia y para mí ha sido muy gratificante. Recuerdo lo que hacía la Católica en el Parque Bustamante o, hace unas décadas, los festivales con lo mejor del año, que iban en enero antes del Santiago a mil, que alguna vez fue a mil.

    ¿Qué variable cree que incide más en el consumo de teatro: la condición socioeconómica, sociocultural, la educación, la cercanía a la oferta o el tipo de oferta?

    Yo creo que todas. Mejor hablemos de a una…

    La condición socioeconómica…

    Esta es bien variable, la encuentro la menos importante. A mí me ha tocado hacer teatro en distintos barrios de Santiago, como esta ciudad está entera convertida en guetos por las distintas clases sociales, y es rarísimo, el teatro está mucho más ligado a la clase media que a cualquier otro grupo. A nivel de grupos populares, tú puedes hacer ciertos espectáculos que tienen que ser en tono de fiesta y el estrato económico alto encuentro que es muy reacio, se va más por el lado del teatro comercial, lo que es bien raro. No creo que sea la condición socioeconómica.

    La condición sociocultural…

    Aquí sí. Hay un grupo de gente convocado, que pertenece a la clase media y alta, pero convocado por su condición cultural, tienen un respeto por el teatro, por las artes, van a ver cine arte, entonces ven algo interesante ahí.

    La oferta…

    De todas maneras. La calidad de las salas, eso atrae al público, que no va a pasar una experiencia de frío pavoroso, en salas donde no hay respaldo, respaldo de silla me refiero, una termina con la espalda en la mano y esto lamentablemente nuestro teatro lo tiene mucho y ojalá podamos tener más salas y mejores, que sea más cómodo en general.

    ¿Debería haber más concentración en cuanto a los teatros? ¿Qué la gente tenga una mayor oferta de dónde elegir, sin tener que desplazarse demasiado?

    Yo creo que una ciudad o barrio del teatro sería buena idea. Pasa con los restoranes, la mayor parte de los consumos son así, al lado de una botillería se pone otra, las farmacias se juntan. Es propio del consumo, tú te juntas. Hablando propiamente de la conducta de la gente que consume teatro, un mall del teatro, de las artes, sería divertido, con un local en el medio vendiendo DVDs, porque sino esta cosa dispersa, parece que no atrae. Tenemos gente que llega al teatro en metro o en auto, si tú te alejas mucho de las formas que tienen las personas para moverse, es muy difícil que puedan llegar. Por ejemplo, nosotros ahora estamos en Matucana 100, donde de cuatro personas del público, dos llegan en auto y dos en metro, y eso que esta lejos. Pero tiene dos salas de teatro juntas y esas dos se abrigan mutuamente. Lo ideal es que las salas estén cerca, que haya barrios donde la gente pueda ir al teatro. En los tiempos de Shakespeare, los teatros se ponían entre prostíbulos y patíbulos, lugares donde la gente iba a divertirse viendo rodar cabezas o a las prostitutas. Ahora lo que hay son restoranes o cines o movimiento cultural que hay que estimularlo, ojalá tengamos muchos sectores viéndose salas juntas, aunque sean pequeñas.

    En la Finis Terrae se está haciendo algo así…

    Claro, aquí tenemos dos salas, pero estamos a tras manos y eso influye en la conducta del espectador. Puede haber estacionamientos, espacios, pero no tenemos metro, lo que hace perder buena parte de espectadores, aunque hayan buses a la puerta, pero ya eso nos saca gente y también que no existan más salas por aquí. Si tuviéramos algunas más cerca, estaríamos formidable. Por ejemplo, el Teatro Mori, que se incrustó en el Parque Arauco, se puso entre un Boulevard de restaurantes, de movimientos, de cines, entonces funciona. Porque el teatro es noche, ya no son los tiempos de Shakespeare que se hacía de día, pues era imposible en la noche ya que no había luz y en esa noche sí que te asaltaban. Las salas se deberían juntar más, alguien debería arriesgarse con un par de casas y juntar. Lo que pasa es que el teatro es urbano, por eso su raíz en griego, su definición, tiene que ver con lo arquitectónico, en ese sentido tiene una relación con la ciudad, el teatro está fuertemente relacionado con la ciudad. Yo no sé como sobrevive el Teatro Camino, que está salido de todo, pero tiene sus buses que salen de la Plaza Italia, pero está muy lejos de todo. No sé cómo la ha sostenido, pero bueno, lo ha hecho bien.

    ¿Hay algún perfil definido de consumidor de teatro?

    Es alguien con intereses humanistas, que realmente ha crecido viendo teatro o se ha enamorado del teatro a partir de una familia, en la cual el teatro es respetado, o de irse enamorando a través de caminos como la televisión, el cine. Es alguien que va a consumir por lo menos una obra al mes y que se va a mover dándose datos y conversando con otras personas sobre teatro, contagiando la expresión. Probablemente alguien que le gusta salir de noche los fines de semana, entonces comparte el teatro con el cine y dentro del cine, le gusta el cinearte. Lee también, por lo menos un libro al mes. En ese sentido es un consumidor cultural bastante abierto, así creo yo es el consumidor de teatro, pues siento que estamos a la par con los otros medios que te nombraba. Tenemos los mismos problemas que las librerías, los mismos que tiene el cinearte en Chile. Sus problemas y sus virtudes, que es que tiene su público. Pensar que desde el páramo de librerías que éramos hace diez o quince años, ahora tenemos una mejoría, a pesar de que hay gente que aún le da miedo entrar a las librerías y de que los índices de lectura son muy bajos. Hablamos de un público en general de clase media, para poder pagar los recursos que significa ir al teatro y que habla de teatro y que por lo general tiene un pariente o alguien conocido que se dedica a esto.

    ¿Se puede hablar del teatro como producto, dirigido a un tipo de público?

    Creo definitivamente que sí, a estas alturas es ingenuo no concebirlo así, o sea uno más o menos sabe con quien está dialogando, esto aunque sea una obra muy experimental. Si vas a trabajar con ocho espectadores, por ejemplo, sabes a dónde o a quiénes dirigirte. Sabes más o menos tu mail list, si vas a usar correo, aviso, prensa, afiche o auspicio. En producción teatral, un concepto que ha costado mucho que entre en Chile y que aún no está definido, son escasas las personas que uno pueda decir que son productores de teatro, son pocos los que pueden unir. Los más cercano que me ha tocado vivir con gente de este tipo, es con las personas que escribí “Pancho Villa”, que digamos son productores, que arman su plan –Pancho Melo, Felipe Castro-, persiguen a los directores, persiguen las obras, hacen que las obras se escriban, arman elencos, levantan espectáculos pensando en un público muy abierto, muy popular y lo van consiguiendo, van haciendo que la cosa se mueva. Hacen obras que muestren referentes, que tengan que ver con el público chileno y eso es lo que hace la mayor parte de los productores, cosa que no tiene nada de malo. Incluso en las obras de más indagación hay producción, La Tropa partió siendo muy experimental, pero hoy la producción busca dinero, busca recursos, contactos, giras. A estas alturas hay que saber producir y la gestión cultural crece en Chile y se empieza a mover.

    ¿Se podría hacer una relación entre el teatro y la sociedad de hoy en Chile?

    Cierto teatro sí parece ser un reflejo de lo que se vive en la sociedad contingente, cierta parte del teatro, y yo te diría que en general el público chileno, en mi opinión, es poco cosmopolita, tolera mal ver obras extranjeras que no tengan que ver con su propia contingencia, es estrechón de miras. Tienen que haber chilenismos, gestos nacionales reconocibles, temas que se identifiquen, alguien podría decir que esto le pasa a todos, pero pocos van a tolerar un espectáculo griego o un espectáculo universal. En los festivales se están abriendo las cabezas, ahí se está haciendo algo más cosmopolita, pero nuestra lectura del público masivo –y cuando hablo de masivo, me refiero a la masa crítica de espectadores nacionales-, aquel que nos gustaría que llegue, tiende a encontrarse a sí mismo en el escenario, más que a que el escenario pueda abrirse a experiencias humanas de otro orden, como espectáculos vietnamitas, por ejemplo. Hay gente que dice que eso pasa en todas las ciudades, incluso Buenos Aires te va a poner las obras en vos querés, y ahí puede que tengan razón en que el público se reconoce en el teatro y de nuevo volvemos a lo que te señalaba antes, de que el teatro está muy relacionado a lo que es una comunidad y con un sentimiento de identidad como tal, en eso no hay nada que hacer.

    “Pancho Villa”, que es un héroe de México, ¿cómo ha sido recibido por el espectador chileno?

    Sorprendentemente bien, pero apuntando a una cosa que los productores tenían razón: que lo mexicano aquí en Chile, tiene una doble lectura, las rancheras en el sur, las revoluciones, la cantata, son cosas que están en el inconciente colectivo de todas maneras, que es una cosa que me decía Pancho Reyes.

    ¿Cómo influye el uso de las nuevas tecnologías digitales en la difusión del teatro en nuestro país?

    Yo creo que mueve a la gente, con todo el mail, el Facebook, el blog, el poder opinar, los grupos de debate, sin duda influyen y debería haber más. Deberían haber mail list gigantescas, con grupos que puedan estar opinando y pienso que eso va a ser más movedizo. Va a ser una muy buena manera de contactarse de los espectáculos minoritarios, va a ser un ciclo donde uno pueda dejar opiniones y que no pase como en los diarios que dura lo que dura el día, sino que permanezca. Eso promete. Además youtube permite la difusión de pequeños trailers de las obras, y eso debería ser tomado en cuenta a la hora de producir un espectáculo.

    ¿Crees que se da la competencia, a nivel de mercado, entre las distintas compañías de teatro?

    No, más bien creo que hay una sinergia, que se apoyan, se juntan, se dan impulso. En ese sentido no son antagónicos.

    Redondeando, ¿en qué estado encontramos hoy al teatro?

    El teatro siempre ha estado en un momento difícil, o sea ha tenido épocas de gloria, sobre todo cuando no competía con el cine. A mí me da la impresión que es como la literatura, que la novela siempre está muerta, que el teatro también siempre está muerto, que se está acabando. Pero está activo, sobre todo por la gente joven, el espectador, el actor joven. El público educado para el teatro hoy en día es joven, se mantiene esto renovándose, hay mucho interés de lo que está pasando, no se da la situación categórica y tremenda que se daba en la dictadura, que una obra de teatro podía ser el sitio donde se dijeran ciertas cosas que no se podían decir en otra parte, eso ha desaparecido, no hay una situación candente que ocurría en ese tiempo, pero sí es un lugar de convocatoria, no todo lo que quisiéramos. Como también le ha costado mucho despegar al cinearte chileno. El cine nacional se ha pegado, una parte, no todo, una comercializada muy grande, con tramas siempre enfocadas hacia la comedia y cuesta encontrar una película que uno digo, “bueno, aquí estamos hablando de otra cosa”. Por sobrevivir se ha disparado ha cualquier parte. En cuanto al teatro, se sigue buscando y yo diría que hay un predomino de búsqueda, de cosas interesantes y salen cosas raras como “Neva”, por ejemplo, de Guillermo Calderón y compañía, una obra sobre checos y de ahí se nota que obras que son cosmopolitas, tienen éxito por su calidad. Es lo mismo que ocurre con La Tropa. La calidad se impone y así el público se acerca a la experiencia teatral con lo único que tiene, que hace que sea algo especial y completamente distinto. Y de eso, precisamente, vive todo el resto de las obras, esperando esa epifanía, ese manifiesto de algo sagrado, eso espera uno como espectador.

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