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  • Entrevista a Pancho González

    Podrías hacer un panorama de la industria del teatro en Chile.

    Existen los teatros independientes y los que son subvencionados, ahora hay un auge del teatro independiente porque hay apoyo de la empresa privada. Creo que está resurgiendo el teatro, se está buscando mucho la imagen por sobre el texto. Pienso que hay muchos actores, demasiados directores, demasiados montajes, para tan poca cantidad de gente y eso es lo triste; se juntan cinco actores y toda la plata se va en el gasto de infraestructura: escenografía, la utilería y arrendar la sala. Generalmente la gente no va, van los amigos, que siempre piden pasar y no se dan cuenta que el trabajo es la entrada que tú pagas.

    Otra cosa es que hay mucha hambre, mucha necesidad de escribir cosas nuevas y ahí hay que poner atención. Hay muchos dramaturgos jóvenes. Ha habido muchos talleres con grandes maestros, como Juan Radrigán por ejemplo, que han formado gente joven y hay que ir a apoyarlos. Desgraciadamente el teatro es muy caro, nosé por qué, pero una entrada te cuesta siete mil pesos, si van dos, catorce.

    Uno no puede vivir del teatro, salvo excepciones, como el grupo La Tropa, que son exitosos, que viajan en todos lados, que tienen una subvención, se hacen un sueldo, pero son excepciones. Pero la media, no puede vivir del teatro, tienes que complementarlo con clases, locuciones, casting, teleseries, filmes, etc…

    Entonces, ¿por qué hacer teatro en Chile?

    Por una cuestión romántica. Es mentira eso de que necesito comunicarme, lo que uno necesita es lucirse y la palabra lucirse, viene de la etimología decir algo, que nos escuchen, decirle a la gente: “tú eres ingeniero, pero yo soy actor y no soy un loco, quiero arreglar el mundo”. Es romántico. En vez de transformarlo en canción, nosotros lo ponemos en texto y nos movemos arriba del escenario. Nos gusta que nos aplaudan, porque queremos lucirnos, esa es la verdad. Esperamos el aplauso, que nos comenten y traspasar esa energía a la gente.

    ¿Crees que el teatro es un bien de consumo de masas?

    No. Debería serlo pero no. Sacando la cuenta, entre los talleres y escuelas de teatro, hay un catastro, aproximadamente, de 300 o 400 actores que están saliendo al año, yo te diría 500 egresados. Los cabros jóvenes van a los canales, a las teleseries a buscar pega, porque es demasiado el mercado. Yo creo que no es un bien masivo, por lo mismo, porque hay muchas opciones y donde es tan caro, la gente no va. Por otro lado hay mucho festival en el verano, donde dan obras gratis, entonces la gente se acostumbra, pero el actor de qué vive. Lo bueno es cuando alguna municipalidad le paga a la compañía por actuar, pero en el año, en marzo, abril, junio y julio, que son los meses más flacos…tienes una sala de 300 espectadores y hay 40, entonces es difícil que sea un bien de consumo de masas.

    ¿Crees que este teatro que se hace en televisión, específicamente el de la televisión, se puede comparar al teatro más clásico?

    Es un género el que se está haciendo ahí, es un género comedia liviana, donde hay ciertos cánones que hay que respetar: personajes tipos: el bonito, el feo, la niña que muestra curvas, la bella, el gracioso. Los contenidos no pueden ser más profundos. Tú te puedes reír, lo pasas bien, pero al otro día no te acuerdas, no te queda lo que viste porque, desgraciadamente, a uno le gustaría hacer obras de los grandes autores, pero para eso habría que tener muchos recursos y nadie se atreve a auspiciar ese tipo de cosas porque a lo mejor la gente no lo pesca.

    Es como para ese tipo de gente que llega a la casa cansado, no ver cosas profundas, sino sólo reírse…

    Es típico eso que dice la gente: “a mí me gusta ir al teatro a reírme, no a llorar”, pero dónde están los significados, si uno puede cuestionar cosas. En las películas uno no va a ir a ver puro Chaplin o Mary Popins, también es bueno ir a ver un filme que te remezca. El teatro es lo mismo. Tu te paseas por las salas del gran Santiago y hay unas obras son invitadas a festivales europeos, excelentes puestas en escena. Y eso es de los festivales europeos, te invitan pero no te pagan nada, el puro pasaje, tienes que ser soltero para poder ir, porque sino con qué vive la familia. Eso es lo fregado del cuento, en otros países como me han contado, la gente de teatro vive subvencionada, entonces tu trabajas como un oficinista, ganando por las horas que trabajas, en cambio nosotros no, tienes que siempre estar viendo, si es que te pagan, das boleta, difícil. Pero, somos románticos igual.

    ¿Qué variable crees que incide más en el consumo de teatro: la condición socioeconómica, sociocultural, la educación, la cercanía o el tipo de oferta?

    La condición socioeconómica, porque como te decía hace rato, en el verano, en el festival, toda la gente iba gratis y les gustaban no solamente las comedias sino todo tipo de obras, y se mal acostumbraron. Es que la gente no tiene plata, tu vez una boletería, las personas se acercan y preguntan si pueden pagar estudiantes aunque no lo sean, uno dice bienvenido, pase, pague la mitad, así uno aprecia la intención de la persona que quiere ir al teatro. Por eso yo creo que es una cuestión económica. El hecho de que se esté dando teatro en toda la periferia, es decir, de alguna manera, ya, vamos al teatro, acerquémonos al teatro. Pero eso es cuando es gratis. Cuando le toca pagar, dicen chuta, no tengo plata, prefiero comer o vestirse.

    No tienen como prioridad el teatro…

    No, de ninguna manera. Entre comillas el teatro igual está siendo elitista, porque el que paga, puede. Lo mismo que una película, uno espera el miércoles para poder ir con la pareja, sino el sábado cuesta un poquito más…

    ¿Tendrá que ver también con esta concentración en zonas de los teatros, donde pareciera que las salas están puestas para un tipo de gente, aquella que frecuenta dichos barrios?

    ¿Qué pasa con la gente que vive allá arriba? Tiene miedo de venir con el auto a meterse a Bellavista, que se lo pueden robar, que se lo pueden rayar. Y no quieren comer ahí al lado sino que quieren volver para allá arriba. Ahora se están abriendo lugares allá arriba, como el Parque Araucano y se llena, pero es como elitista, se dan cierto tipos de obras, las que tienen éxito. No pueden entrar al Teatro Araucano muchachos independientes, que tienen muy buenas obras, porque o tienen que ser rostros o una obra probada, que salga en El Mercurio. Parece moda entonces: “Oye, vamos al teatro po hombre, mira esa Pinocho, que es un pelucón y feo, pero que ha viajado por toda Europa”. Después lo comentan el domingo un ratito no más. La gente de arriba espera que se lo llevan para allá, es difícil que bajen.

    Bueno, por otro lado, lo que hablábamos antes, eso del teatro de televisión, que la gente de menos recursos estereotipa el teatro como algo light y los de arriba no bajan por el estatus, entonces se vuelve algo polarizado…

    Es lo mismo que nos pasa a nosotros. Tú ves en Bellavista, a un grupo de cabros haciendo una obra en la plaza. Un grupo de actores profesionales, que hacen una obra muy buena. Pero anda a ponerlos cerca del Mampato, allá en La Dehesa, no pasan cinco minutos antes que empiecen a sonar las sirenas y llegue la policía. Es una cuestión polarizada.

    ¿Habrá algún consumidor tipo de teatro?

    El perfil es el intelectual, el que pinta, el que lee, el que gusta de la expresión artística. Igual como uno, que también va a exposiciones, que también se mueve en ambientes culturales. Creo que es el tipo que le roban las emociones, que tiene las emociones a flor de piel, ese tipo es quien se acerca al teatro, pero esa persona, generalmente, no tiene para pagar la entrada. Hay formulas también, pero cuesta, es más difícil.

    La gente en general, creo yo, ha perdido la noción de teatro. Cree que el que sale en Chilevisión representa lo que se refiere uno como teatro. O que los actores que son famosos, los que salen en teleseries, son los únicos actores. A mí personalmente me ha tocado, vas a una repartición pública y te preguntan, profesión, actor le digo yo, pero si yo nunca lo he visto antes. Así creamos estereotipos, de que el actor es el galán, el Cristián Campos o el Pancho Reyes, pero no, los actores estamos en otros lados, haciendo clases, de dramaturgos, en la calle, etc…

    Y este consumidor promedio que hablábamos recién, ¿cuál crees que es su cercanía con el teatro?

    Yo creo que harta. A este intelectual le sirve mucho el teatro, sobre todo ahora que se están haciendo adaptaciones de buenos libros, de escritores argentinos, las traen para acá, es de alguna forma un reciclaje, van a aprender también.

    ¿Qué tipos de obras crees que les son preferidas?

    De buenos libros, remontajes, las llaman remakes, que son obras que son éxito, por ejemplo en Francia, y uno no tiene acceso para poder verlas, entonces las traen para acá. Hay un productor que las trae y el intelectual las va a ver. Las podrían bajar también por Internet, pero no es lo mismo, no está la pasión y como ahora hay tantos buenos actores atrae más.

    ¿Se puede hablar del teatro como producto, es decir, dirigida a un tipo de público, con algunos rasgos de la economía social de mercado?

    Hay una diferencia: no se puede hablar de teatro de comercio. No es un comercio, el teatro es arte, decía García Lorca. Por otro lado, los actores tienen que vivir y no hay que hacerle asco al dinero que los espectadores pueden dar. Uno tiene que vivir con eso, pero, debido a que hay poca gente, uno lo discute, le dice al compañero “qué hacemos, hagamos una obra dirigida, por ejemplo a los colegios”. Entonces vas, ves el plan de estudio, y te das cuenta que están pasando Romeo y Julieta a segundo y tercero medio, y la haces, o un Mercader de Venecia. Te acercas y les dices, miren esta es la compañía tanto, cobramos tanto, ofrecemos esto y esto otro, nosotros traemos toda la infraestructura y la hacemos. El colegio es un buen campo, pero cuesta mucho, porque hay mucha compañía vendiendo, de repente muy barata. Hay jóvenes que les sirve 10 mil pesos, 15 mil pesos por una función. En desmedro de compañías más sólidas, pero que cobran más.

    ¿Cuál el tipo de relación laboral entre un director, actor y compañía?

    Hablando sólo de teatro. Hay dos tipos: subvencionado, es decir, que el Estado te paga. En Chile hay tres: el Teatro de la Católica, el de la Universidad Chile y el Ictus (pero estos son una cofradía, no más de 5, con actores invitados quizás). Ahí tu trabajas tres meses de ensayos, lo que es rico, porque es ahí donde el actor trabaja, después en las funciones tu vas sólo a pasarlo bien, pero cuando buscas los personajes es en los ensayos. Te pagan un sueldo, entonces, y te dan una boleta. Además hay un contrato establecido que dice 3 meses de funciones y si les va bien, se puede extender. Es lo mejor, tienes un sueldo base, que es suficiente y además puedes hacer televisión.

    Los demás teatros son todos independientes, es decir, lo que entra, entra. Se va viendo según la función y cuanto deja después de pagar todos los gastos adicionales a la obra. A veces, sobran 50 mil pesos y es mejor ir guardándolos para ir armando un pozo, así la vez que se paga, no es tan poco, porque si dividimos esa plata entre diez, es muy poco. Te pagan con boleta también. Y en la televisión hay contrato. Cada uno negocia independientemente. Pero pagan poco. Conviene sólo para que a uno lo vean.

    ¿Se puede hacer una relación de teatro y la democracia que vivimos hoy en Chile?

    Bueno, antes, en dictadura, uno no podía hacer teatro, hacías en la calle y te llevaban preso. No había ni plata para escenografía, uno vivía del sombrero. Ahora los jóvenes se paran con un permiso y puedes hacerlo, hasta en la micro alguna veces. Pero también se expandió mucho, se sobrecargó, no hay espacios.

    La democracia trajo un cambio, pero se expandió mucho, hoy hay demasiados actores.

    ¿Cómo influye el uso de las tecnologías digitales en la difusión del teatro en nuestro país?

    Tu te metes a Internet y puedes encontrar toda la oferta. En páginas como eltelón.cl. Puedes diseñar un afiche y mandarlo a sitios como el que recién te nombraba y se expande y publicita mucho. Pero donde hay tantas obras uno se confunde. A mí, me llegan como quince mails de obras de compañeros.

    También pasa, que uno antiguamente conocía a todos los actores, uno le preguntaba a la gente mayor y los conocían a todos, pero ahora son demasiados, nadie podría cocerlos a todos.

    Por esto mismo, ¿se da competencia entre las distintas compañías, teniendo en cuenta lo que tú dices, la variedad de oferta es muchísima?

    Yo creo que no, porque finalmente somos amigos. Para eso están los productores, que más que competir, están constantemente moviendo las obras. Pero por ejemplo el caso de Juan Pablo Sáez, ha sido criticado, pero el tipo es aguerrido, si él mismo tiene un teatro, lo que no muchas personas podrían decir. Aunque gente diga que es muy comercial, que actúan puros rostros, pero se le quemó y por qué los actores lo van a ayudar ahora. Si fuera malo los actores no lo apoyarían. Dicen que cobra mucho por el porcentaje de la sala, pero qué va a hacer, tiene que cobrar lo suyo. Yo creo que no hay competencia, que cada uno se rasca con sus propias uñas, así como el que hace un teatro en la calle pone un cartón atrás, el caso de Sáez, buena iluminación, buena escenografía. Trae obra de argentina, puestas en escena éxito en otros lados.

    Ahora tú ves que en El Mercurio se auspician obras, que ponen en sus páginas fotos, a los rostros, las publicitan, eso también te dice algo.

    Pero también que el teatro está siendo apuntado hacia la gente con plata, porque en La Cuarta, por ejemplo, no se publicitan obras de teatro…

    Pero te pongo un ejemplo: yo una vez fui al sur y en un pueblito chico le dije al alcalde si podía hacer un monólogo en la plaza. La gente quedo boquiabierta, le encantó lo que mostré. No podía creer que yo podía hablar tanto. Se llegó a emocionar. Eso te dice que el teatro le llega a todos.

    Está mal enfocada la cosa, porque en La Cuarta ponen la Tetarelli va a ser una obra y la gente va a ver las tetarelis de la Tetarelli, pero no te dicen que vino un actor famoso, alguien reconocido de afuera. No te lo dicen porque el popular no va a ir, ahí es donde hay una política que no se entiende, que está todo muy segmentado y qué puedes hacer, tú mismo, por tus medios, buscar que te vean.

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