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  • Entrevista a Patricio Rodríguez

    Podrías hacer un panorama del teatro hoy en Chile.

    Apunta el teatro en Chile, en un par de parámetros, hacia lo comercial propiamente, hacia un teatro más experimental que la hace la vanguardia de hoy, y otro que apunta a un teatro más popular, que regala la municipalidad. El comercial no necesariamente es muy popular, van a buscar actores de la tele y las van a ver por ellos.

    ¿Se puede vivir del teatro en Chile?

    Se puede vivir siempre y cuando uno no piense en sólo ser actor. Las escuelas hoy en día deberían estar enfocadas en que la gente a la que enseñan sepan en cuanto al teatro, dirigir, producir, hacer clases, que entiendan la cosa técnica, que no se asuste con ninguno de estos aspectos y que los pueda enfrentar, no necesariamente saberlos de memoria, pero que los pueda intentar. Lo otro es que esa persona tiene que ser autogestora, que salga de la escuela y no espere que lo llamen, porque eso no va a ocurrir, que pueda inventar proyectos con sus pares, que experimente y que entienda que los primeros meses quizás gané muy poco.

    ¿Por qué hacer teatro en Chile?

    Y por qué no. Responde, más que nada, no a una necesidad intelectual sino que biológica, viene de cuando uno era niño y le gustaba hacer cosas, interpretar cuentos. No digo que esa la generalidad de la gente que estudia en las escuelas de teatro, hay mucha gente que lo hace por la televisión, por la fama, por el dinero, lo que es un gran error. Pero los que lo hacen por esa necesidad, sobre todo las camadas más antiguas, y yo me siento parte de ellos, es por algo ilógico que no podría explicar. Yo incluso estudiaba otra cosa, pero sentía esa necesidad. Entonces responde a actuación, a comunicación, que no lo llena otra cosa.

    ¿Qué diferencias hay entre el teatro de la televisión y el más clásico?

    Hay que acordarse de José Vilar, que hacía unas cosas espectaculares. Por una necesidad ideológica también, había que mantener a la población tranquila, pero por otra realidad. La principal diferencia, es que se apunta a eso que se llama facilismo, cosas fáciles que lleguen rápido a la gente, que no las haga pensar mucho, que no haya mucha elaboración y lleno de figuras, apuntando a tópicos como la sexualidad, el dinero, el poder, lo que siempre está tratando la comedia, entonces mientras se toquen estos temas la gente está tranquila, lo pasa bien, se entretiene. Lo que busca el teatro de la televisión es justamente eso: entretener, no pensar y me parece súper valido, yo hice televisión ocho años, así que en esa área está bien.

    ¿Y eso no podía generar un estereotipo del teatro?

    Claro que eso pasa, le he preguntado a gente que estudia teatro en esta escuela (Inacap) que entienden el teatro como lo que hace Chilevisión, que es un error gigantesco, pero no porque lo que se hace en televisión no sea teatro, sino que porque es mucho más que eso.

    ¿Crees que el teatro en Chile es un bien de consumo de masas?

    Han hecho creer que es. El teatro siempre, desde sus inicios, cumplió con ciertos fines, primero ideológico, representar lo que pasaba en Grecia y después desde que se hizo teatro como tal, en el siglo XVIII en adelante, desde ahí se considera arte. Entonces la masa va a entender el teatro como una entretención, no como otra cosa, porque es como si tú me dijeras que la gente va a ver pinturas a las galerías de arte, no, no va, quizás por una cosa especial. El arte en general tiene distintos niveles, como el popular, que se entiende como otra cosa y que se ha ido perdiendo porque se han metido otras manifestaciones en la competencia, como la televisión o el cine. Para ser un público de teatro, tienes que ser muy arriesgado, atreverte a salir de tu casa, ir al centro, pagar tu entrada, siendo que por otro lado tienes una televisión en tu pieza o tienes de estos cines de última generación donde hay 16 salas, comida, es algo mucho más cómodo.

    ¿También tendrá que ver que esta economía social de mercado genera que el teatro no sea mirado como un bien, sino sólo como algo secundario?

    Pero claro que tiene que ver. Ayer cuando hablaban del paro de los estudiantes, los alcaldes estaban indignados porque se iban a perder 3 mil millones de pesos, no porque iba a para el plan de formación. Vivimos en una sociedad donde todo está medido sólo por el lucro, y el arte no cabe ahí. Si pensamos en ahora, en este gobierno que se supone que piensa en el pueblo, también no hace nada, lo que le genera un gran daño a la gente que hace teatro, a los artistas. Nos llevan a lugares, nos compran las funciones, pero se las dan gratis a la gente, entonces las personas consideran que es una locura pagar, porque consideran al teatro como algo gratis. Hay un desenfoque, ven el teatro como algo populista, que ellos se vendan a través de…

    ¿Qué variable crees que incide más en el consumo de teatro: la condición socioeconómica, sociocultural, la educación, la cercanía o el tipo de oferta?

    Uno va al teatro, si sabe que existe. En la medida en que los medios de comunicación difundan tu obra, la gente va a ir. Si tú no estás en los medios, la gente no va. Ahora, los medios de comunicación ponen a su gente, a sus pares. Antes, hasta como principio de los noventa, yo iba a La Tercera o Las Últimas Noticias y ponían mi obra, con fotos incluso. Hoy si tú no eres del corral de esa persona o no le pasas plata, no te publica. Y eso es terrible, pero es así. Es muy difícil hacer teatro cuando tienes que luchar contra los poderes que justamente definen si tú tienes derecho o no a estar en cartelera.

    ¿Por qué crees que existe esto de concentrar por zonas los teatros? ¿Existe realmente esa concentración?

    Pero veamos. ¿Dónde son los grandes lugares donde existen teatros en Santiago? Bellavista, pero sólo una sala, la de la Rosita Nicoletti, porque los demás se están muriendo. Matucana 100 y las salas de Parque Arauco, no existen otros lugares. El mismo teatro Conventillo tuvo que cerrar hace 10 años porque no iba público. Mi teoría es que debería existir como Matucana 100 por lo menos en cuatro lugares de Santiago. Que uno tenga la posibilidad, como en el cine, de decir, “esta obra ya empezó, así que me meto a esta otra sala”. La vida es así, la mentalidad del 2008 es la del mall, de la multioferta. Así es que teniendo en el teatro algo así, te aseguro que iría mucho más gente. También hay una cosa de comodidad: la gente que va no tiene dónde estacionar el auto, Matucana 100 tiene, no sé, 80 estacionamientos y tiene que ser así. Hay que acomodarse a las circunstancias.

    ¿Crees que hay un perfil definido de un consumidor de teatro?

    Hay distintos consumidores de teatro. El popular, como te decía, que sólo va cuando lo invitan gratis, se dicen fieles al teatro, pero durante el año casi no van. Por otro lado está aquellos que consumen teatro elitista, el grupo que hace su obra y invitan a sus parientes, y ganan un Fondart, hacen ocho funciones que las llenan enteras pero con sus conocidos nada más. Finalmente está el teatro que ha existido siempre, que es para los mismos artistas y la elite. No existe otro, alguno más masivo, como en la década de los 60, donde los actores llegaban a hacer 10 funciones a la semana, había salas con capacidad para 5 mil personas, tribuna alta, abajo media y se llenaba. Pero eso ya no existe.

    ¿Se podría hablar del teatro como producto, dirigido hacia alguien?

    Es que no existe una conciencia. Desde el 35 hasta el final de los 60 existía un organismo que se llamaba Sidarte, que era un sindicato de actores, que tenían un lugar donde ubicarse, cobijarse y había algo que le daba unidad a lo que uno hacía, sentido, valor, etc… Hoy no hay, no existe eso, cada uno por su propio lado, se salva como puede, no existe una entidad. Entonces la gente que hace teatro hace lo que le convenga, desgraciadamente, para poder sobrevivir, poder comer, hace televisión, obras para municipalidades, a colegios, mucha comedia.

    Podríamos decir, entonces, que hay una gran relación entre lo que ocurre como sociedad y lo que le pasa al teatro…

    El teatro es el reflejo de la sociedad, es el último eslabón. Por ejemplo, cuando hay una crisis, los novelistas escriben una novela y pasa, lo mismo la pintura, se pintan cuadros que representen cosas, pero el teatro une la pintura, la plástica, el texto, entonces siempre va como en el último eslabón. Entonces claramente es una especie de espejo de lo que está pasando.

    ¿Influye el uso de las nuevas tecnologías en la difusión y en la puesta en escena del teatro?

    En lo que es montaje puede ser espectacular, como en el caso de La Tropa, que a mí, cuando la voy a ver, ya no sé si es teatro o cine. Hay muchas compañías que estas tecnologías les facilitan mucho las cosas, con las proyecciones de data, los colores. En lo que respecta a la difusión, no mucho, porque esta va solo hacia un grupo selecto, las vacas sagradas y es una cosa real. Por ejemplo el teatro a mil de finales de enero, son grupos parcializados que pertenecen a la productora específica y si no eres de ese corral estas sonado. No hay una cosa equitativa, como cuando existía el sindicato. Si el sindicato es el que nivela, no es una opinión política, sino que es algo lógico: si tienes un lugar que te albergue, tienes apoyo para alegar, para dar tu opinión. Hoy hay paros por todas las cosas, si los actores nos uniéramos que nadie grabe teleserie, ni actúe por una semana, generaría movimiento y habría que escucharlo. Así, nuestra querida Paulina Urrutia nos escucharía y podría virar su gestión un poco.

    ¿Crees que se da competencia en las distintas compañías?

    Tendemos en el teatro, y me parece que en todas las artes, a descalificarnos. La mía es buena y la tuya es mala. Eso tiene que ver con una estrategia que recibimos del 73 en delante, de un señor que se preocupó de dividirnos, lo que hace que frente a algo, siempre estemos divididos. Cuando llegó un gobierno que se supone que iba a cambiar las cosas, en vez de juntarnos, mete la política social de mercado, que divide, hace que todos estén separados. Hay que unirse, pero para eso, necesitamos una cabeza y eso podría ser un sindicato, que hoy no está, pero debería.

    ¿Hay establecida alguna forma contractual que se aplique frecuentemente entre actores, directores y compañías? ¿Cuál es la condición laboral del actor y director de teatro en Chile?

    Usualmente un director llama a un elenco y se pacta, ahí, si se pagan ensayos, si no, usualmente esto no ocurre, movilización o no. Hoy hay dos formas de trabajar: con riesgo, que es que en el camino vamos viendo; la otra, postulemos a un proyecto y cuando salga la plata lo montamos. La segunda es más seria, pero es la que menos se hace porque las platas van para un sector. Debería ser de otra forma, con menos riesgos. La misma Paulina Urrutia dijo hace un tiempo, unos tres o dos años atrás, que todas las compañías, chicas o grandes, deben pagar las imposiciones a sus actores. Perdóname que te diga, pero eso es utópico, yo tenía tres compañías y no podía pagarles a mis actores las imposiciones, porque si les pagaba esas cosas, cómo generaba plata para producir la obra. Entonces había que trabajar como por debajo, no, no tengo compañía. No existe una política a nivel estatal que permita a uno desarrollar sus proyectos.

    Para redondear un poco, ¿En qué estado está el teatro hoy en Chile?

    Yo creo que gracias a dios estamos en crisis y pienso que no se podría ir peor. Siento que desgraciadamente hay una proliferación de escuelas de teatro, que sacan actores de no muy buena calidad, que nivela para abajo. Se debe generar iconos, como “La Negra Ester”, pero que era una obra de Andrés Pérez que venía de trabajar en Francia, así nacen los íconos. Y a esto sumado, que en esa época, no existía esta política de cada uno por su lado. En esta época no existen los lideres, que todos se critican, nadie podría dar la vida por nadie. Es difícil. Creo que más que un líder, en todo caso, se necesita una transformación, un quiebre, una crisis y de ésta tiene que nacer algo. Ojala fuera un sindicato, pero es muy difícil porque si llamas a reunión de la cantidad de actores que existen, van dos. Habría que hacerlo cada uno por su lado. Con este fenómeno de Facebook ha hecho que grupos que no se ven nunca o hace mucho tiempo, se vuelvan a juntar para desarrollar ideas. No soy pesimista sino optimista, pero viendo la realidad, que es que estamos en una crisis severa, que nos está destruyendo. Pero fíjate que el teatro siempre se ha destruido, en Grecia murió, surgió en Roma. En Roma murió, nació en la Edad Media. En la Edad Media también murió, apareció en el Renacimiento. De repente es bueno que esto muera un poco.

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